Hace un tiempo, en un lugar algo lejano cuyo nombre me acuerdo perfectamente y era Píchaca, había un Rey, pero no uno cualquiera, era el rey con la polla más grande de la Isla; pero bueno, a lo que íbamos... Mari-Kron Jum II se llamaba, pero prefería que le llamasen Chupapollasfosforitas o Kron.
Kron era un héroe de guerra de la apoteósica Líadaparda, bueno, realmente lo único que hizo fue masturbarse y hacer caballitos de madera con una navaja y un falo-mástil de barco, pero al menos sobrevivió.
¡Que es coña! Este es el viejo Kron de siempre. Después de su travesía a través del hiperespacio para descubrir la secreta receta de la abuela, Kron debía volver a casa. Para hacerlo, se unió a las filas de un submarino sobremarino amarillo capaz de atravesar portales intergalácticos e interdimensionales. Su navío formaba parte de una pequeña flota de otros alocados vehículos miembros del transporte púb(l)ico intertempoespacial.
Kron sabía que el viaje por el embravecido mar iba a ser duro, desde el primer momento el submarino iba dando volteretas verticales esquivando las peligrosas tormentas marinas y las corrientes alternas acuática circuncidadas creadas por la mucosa de tortuga ninja. Aún así, Kron podría entretenerse masturbándose apretado entre sus camaradas.
Uno de estos días una fuerte tormenta in-vitro mortal hizo que el submarino llegara a la Isla de Los Cojones, lugar habitado por grandes glandes guantes gordos ovalados, que se hacían llamar Cojonianos. Allí se encontraba un tesoro-tesplata escrotal, que los Cojonianos custodiaban celosamente y con envidia. A Kron se la sudaba el botín, él sólo quería llegar a casa a salvo. Los avaro-macarrones de sus compañeros, sin embargo, sí lo querían, para masturbarse y correrse sobre él.
Así, la flota de submarinos aparcó en la Isla de Los Cojones.
Kron, gritándole hechizos mayas a sus compañeros, insistía en que era una locura, y mientras lo decía vio que los cojonianos estaban armándose brutalmente y suavemente con puños americojetes.
Una batalla campal comenzó, a lo que llegaron Antidisturbios con Porras-falos-porros de defensa, acabando estos con gran parte de la tripulación de Kron, que huyó rápidamente a lomos de una tortuga mitad caracol con los supervivientes.
De las diezicienta navíos que tenían, quedaron solamente veinte. Estos zarparon sin prisa ni palánganos, atravesando siete dimensiones de golpe. Encontráronse pues con el planeta de los falófagos.
El planeta de los falófagos estaba habitado por unos seres que se dedicaban a chuparse los falos unos a otros sádicamente. La lefa de sus falos hacía que se quedasen drogadísimos y que su memoria se volviese puta mierda. Al segundo de a bordo del segundo navío de la segunda flota de Kron le entró un ataque extremo de falofobia, a lo que reventó en mil pedazos llenando todo de vísceras, semen y galletitas saladas, cosa que odiaban los habitantes.
Los falófagos no se inmutaron, siguieron chupando polla. De sus narices, sin embargo, salió un líquido anaranjado que gustosamente absorbió las vísceras. Mientras esto ocurría, a algunos compañeros de Kron les entró sed de rabo, y se unieron a la chupada masiva planetaria.
Kron, que se había quedado esperando a sus compañeros mientras se follaba melones en el lomo de la tortuga, se percató de que estaban tardando demasiado, así que decidió pintarse los labios e ir a ver si sus compañeros estaban bien. Por el camino encontró un puesto de perritosgatitos calientesfríos, a lo que compró ninguno y paso de largo. Cuando llegó al descampado montarroñoso donde se encontraban, se quedó fascinado a la vez que asqueado.
Intentó convencer a los otros pasajeros y tripulantes de que dejasen de mamarla tanto, ya que tenían que zarpar. Éstos no respondieron, así que Kron sacó su polla, reforzada con acero, y porculó a todos los habitantes del planeta y a los tripulantes encantados. Acabado esto, volvió al submarino a pedir ayuda a la tortuga, a su nuevo amigo Terabio y a cualquier otro tripulante.
Estos aún no habían probado el falo de falófago, pero sentían curiosidad y querían probarlos. Kron les advirtió que no lo hicieran, que si lo hacían él mismo les arrancaría los pezones con su frente.
Finalmente consiguió llevar a los ahora droganodictos de falos de vuelta al submarino, atados de los cojones con ramas de espigas, así, tras 4 minutos y 36 segundos se les pasó el colocón. A todos menos a uno que se bebió medio bote de Romilar sin haber desayunado. Este último era el timonel, cuando se hubo recuperado, la flota zarpó, rumbo a alguna otra dimensión.
Tras visitar varias dimensiones y unos cuantos arrecifes de bayas ¡vaya! vallas, vieron al final de un túnel interdimensional una isla que parecía muy cuqui. La tropa se preparó para desembarcar.
Al final decidieron quedarse un día de descanso para menguar la resaca que les provocaban los viajes interdimensionales.
Al día siguiente desembarcaron Kron y 12 apóstoles que se encontraron metidos en un baúl navegando a la deriva por el mar. Así los 13,5 valientes se adentraron en la hermosa isla. Llegando a lo que aparecía un asentamiento de alguna clase de ser vivo encontraron un cartel que decía: ''Aquí vive en Anóclope Penetrafio''. El cartel hablaba de la cueva que había al lado del mismo. Los tripulantes se adentraron en ella, y comieron unos pocos huesos de mantel y bebieron un sorbo cada uno del licor seminal que se encontraba en ella, ya que estaban exhaustos.
Al rato, entraron en la cueva flamencabras pétridas, seguidas por su pastor, que era Penetrafio. Penetrafio era un anóclope; un hombre colosal con un ano, completamente redondo y espantoso, sobre su nariz, en vez de ojos. Kron y sus compañeros, entre los cuales estaban la tortuga y Terabio, se escondieron en el fondo de la cueva, asustados. Penetrafio se sentó en su teléfono forzadamente y se masturbó, corriéndose después en su ano. Kron, Terabio y los demás quedaron asqueados a la vez que excitados cuando vieron cómo Penetrafio absorbía la lefa por el ojete de su frente.
Con estas, el anóclope se tiró un pedoructo y salpicó a todos los presente, incluido su rebano de marmotas sifilicosas moderadamente grandes. Después empujó un gran testículo de plastelina y taponó la entrada.
Penetrafio encendió una hoguera utilizando mocos y buenos modales. La luz inundó la cueva entera, revelando a nuestros protagonistas. Penetrafio los vió (los anóclopes son capaces de ver a través del ano de su frente), y tras emitir un cántico-berrido tirolés de sorpresa sin moverse, se incorporó, y dirigiéndose a ellos, gritó:
"¡Por los cojones de Poseidón! ¿¡Qué repámpanos hacéis en mi templo del amor!?"
Penetrafio se comió una gacela. Kron, que estaba más cachondo que un feto, intentó penetrar al anóclope, y tras comprobar que su ano era demasiado grande, se comió una uva y volvió a donde estaba.
Lo que no sabía era que esa uva era la mujer de Penetrafio, así que este furioso cogió a 25 espectantes japoneses que miraban con cámaras de fotos y se los comió, acto seguido agarró por el falo a Mela y Chupas, dos marineros de Kron, los empaló con una palmera de estropajo, les vomitó por las cuentas oculares, les echó un poquito de sal y se los cenó.
Acabada su cena, se fijó en los demás, y les preguntó que quienes eran. Los camaradas de Kron estaban todos muy asustados, pero él tenía experiencia con Legos, así que dio un paso al frente y se presentó:
'Me llamo João Recesvinto II de Laz Heraz.' Este nombre era el de la tortuga, que no se ofendió, si no que soltó la carcajada que tenía enganchada en la garganta desde hacía tiempo y amuebló sus glúteos faciales.
'Me gustas, a ti te comeré el último.' le respondió Penetrafio, antes de bailar la macarena egipcia retrotransversal zurda.
El baile lo dejó reventado, así que decidió desmayarse recitando unos sonetos to' guapos que había escrito el padre-primo-hermano de la tía del nieto ciego del diplodocus con diarrea ocular brütal. Al final se quedó dormido sobre una lámpara hecha con cojones de rinoceronte. Kron y los demás se pasaron toda la noche jugando al parchís edición especial premium deluxe limited edition megachupiguay piruleta, mientras Kron ideaba en su cabeza/sobaco un plan para salir de allí sin ser devojeteados.
No consiguió idear ningún plan, así que se lo comentó a sus amigos. Todos concluyeron que debían matar al coloso, y estaban a punto de hacerlo, cuando de pronto Terabio se convirtió en tarta de nata y les dijo en binario usando código morse que si lo mataban no podrían salir, que era mejor hacerle un goatse en el ano de su frente. Terabio volvió a su forma normal y todos aceptaron su sugerencia.
Al día siguiente se prepararon para efectuar su metafísico plan. Llevaron a cabo un ritual satánicobudista para tener más chi acumulado y se pusieron a ello. Kron ofreció al anóclope un poco de lefa, a lo que Penetrafio respondió que sí, que nunca había probado la lefa de humano, solo la de toro. Kron empezó a masturbarse con una rama que había encontrado en el suelo, y después de medio segundo, eyaculó. Pero eyaculó sobre el ano de su frente, dejándole ciego.
Entre gemidos, orgasmos y Penetrafio se lanzó rodando por la cueva, derribando la entrada y un pequeño sapo albino que había allí bebiendo Té. Se sacó el rabo y empezó a hacer salir a su rebano de marmotas tocándoles por encima con el falo para cazar a Kron y los demás.
Nuestros protagonistas, que creían que librarse del anóclope sería más difícil, comenzaron a correr hacia la salida contentos, pero Penetrafio aplastó a uno con su rabo.
Se limpió el semen del ojete, con lo cual veía. Los supervivientes tuvieron que saltarle a la cara y desgarrarle el esfíncter, haciéndole así un goatse y dejándolo despedorribosacárido y ciego de por vida. Salieron pitando tras esto, porque además los gritos de Penetrafio habían alertado a su primo Polienfermo, que vivía cerca.
En realidad Polienfermo no suponía ningún peligro, ya que era más tranquilo que la pestaña de una oruga. Los valientes héroes consiguieron llegar al submarino, donde se encontraron con una orgía de barro. Cuando miraron a tierra, vieron a Penetrafio intentando cantar en falsete una triste nana, mientras Polienfermo se pintaba el ombligo.
Kron gritó a Penetrafio:
'¡Eeeeooo saco la picha y te meooooooo!'
El anócople rabioso y excitado comenzó a lanzarles naranjes semi-gigantes, lo que provocó inmensos tsunamis que estos surfearon con el submarino. La flota se puso a explorar un poco más por la dimensión, pero parecía que sólo era un infinito océano con islas habitadas por gigantes con anos extra en partes de sus cuerpos, como el ombligo o el papiro.
Asique decidieron irse a otra, volando a través de un portal. Pero este portal era especial, contenía trazas de cacahuetes, y además efectuaba eclipses oculares a quien quiera que or allí pasara. A Kron le dio un ataque de eclipse y se quedó ciego durante un pequeño rato, cuando abrió los ojos se encontró en un diorama que se alejaba del resto de la flota con una dirección ortognal.
De repente un semítico resplandor redujo la intensidad de voltaje de sus cojones y apareció en un supermercado lleno de moscas alfombra mutantes con penes en vez de ojos. Tuvo que abrirse paso entre las moscas alfombra y salir del supermercado. En el parking amoratado estaba, mal aparcado, el submarino.
Kron se reunió con los supervivientes del viaje, eran cuatro: Terabio, João la tortuga, el timonel Topichitloc (que también era un príncipe azteca, aparte de hoyunosexual) y por último estaba el Cap. Ullín, que era una pulga con aires de célula madre. Kron se alegró de verlos, y para demostrar su cariño decidió arrancarle tres cejas a cada uno para después cocinarlas y hacer un delicioso pudding de ceja al rotulador alicatado. Cuando terminaron de cenar aquel asqueroso manjar trazaron un plan con lefa mitológica en las costillas de Terabio, en el que explicaban la teoría de la relatividad y cómo volver a tomar rumbo de vuelta a casa.
Una vez trazado y repasado el plan, arrancaron motores. Avanzaron a ritmos de deuterón, ya que Topichitloc estaba espasmoso debido al movimiento vibratorio de los pacmans de su esternocleidomastoideo.
Sin darse cuenta aparecieron dentro de un acelerador de partículas que aceleraba submarinos. Para poder salir de semejante follón tenían que crear entre los 4 un agujero de gusano a partir de la energía de sus falos. Así, se desnudaron todos y concentraron la energía del sol-anal en la punta de sus falos, proyectando dicha energía en forma de onda semen vital kameha, creando así dicho portal.
Aceleraron a toda pastilla y atravesaron el portal, que les llevó a el mundo de los vinilos polihédrico-heterocuánticos.
Allí se encontraron a Trotsky, y Terabio le dijo: "Eh, Trotsky, ¿has visto el accidente?" Trotsky, confundido, negó con la cabeza, "¿Qué accidente?" Entonces Terabio sacó algo de su ombligobolsillo mientras decía "El de mi piolet en tu frente xdxdxdxd lol jejejejeje xd" Entonces lo mató, lo violó, le robó, le pintó las pestañas, le depiló los sobacos y siguieron con su camino.
Por el camino Kron se tropezó con una piedra-moco intergaláctica, torciéndose así el tobillo y quedando minusválido por 3,5 segundos. João se ofreció a llevar a Kron sobre su caparazón, cual veloz galgo. Este, emocionado, saltó encima de la tortuga, aplastándole y matándole mientras todos sus órganos salían disparados en todas direcciones. Los otros cuatro lloraron -0.135 milenios ^ -1.3. Iban a llorar más, pero de pronto a Terabio le saltó un facehugger rosado a la cara. Se le calló al rato, y como no presentaba ningún síntoma, lo olvidaron y siguieron.
Fue entonces cuando el Cap. Ullín desveló que en realidad las tijeras se tienen que usar para quitarse los orzuelos de la oreja. Kron, asustado, se desnudó y se frotó con piscolabis de ballena sintecho portadora de sífilis y demás herramientas de trabajo. En un acto de valentía Ullín cogió las tijeras y comenzó a rebanarse las orejas cual cerdo apoteósico protestante, para que los demás vieran como se hacía. El resto pasó de él y tomaron la ruta del cartelito fosforito brillante que ponía ''Camino a Ato Mar Porculo''. El Capitán se sonrojó y dando tumbos clamó y exclamó para que volviesen. Eventualmente lo hicieron, y entraron todos de nuevo en su poderoso navío para viajar a cualquier otro lugar.
Terabio, que no creía en las leyes de la física, se convirtió de golpe en un líquido que flotaba y que estaba a una temperatura de -1 farenheit. Los demás gritaron como bebés eunucos sin lengua.
Levaron chanclas y pusieron rumbo a donde les saliera de los cojones purpúreos, a toda máquina de matar. Por el camino pararon en una churrería fálica a tomar unos jamones asiáticos de plástico fecal.
Gracias a la comida, Terabio pudo volver a su forma original. Siguieron su camino, pero la comida y las condiciones del viaje (se encontraban ahora entre nubes de programación juanpomposa) les crearon una inmensa sed, y no les quedaba nada para beber. Fue entonces cuando Kron pronunció sus famosas palabras:
“¡Un refrigerio! Mi virginidad nasal por un refrigerio.”
Los demás le ignoraron, estaban demasiado ocupados con las cerezas de la frente de sus ombligos, así que Kron se aclaró la garganta y espetó “¡Que tengo sed!”
De pronto la tripa de Terabio reventó, y salió el Kool-Aid Man, exclamando su famoso '¡Oh Yeah!' y ofreciéndoles un vaso de Kool-Aid fresquito a cada uno. Después de que Terabio recompusiese, compusiese y descompusiese los sushis de su barriga, se sentaron todos en círculo y disfrutaron de la bebida.
De la bebida salió disparado un gnomo de la pasta de dientes que empezó a gritar en un idioma que era una mezcla entre árabe y élfico, de pronto se sacó una linterna del recto y con ella masacró a hostias a Ullín, que chocó contra el suelo mientras sus cejas se desangraban una especie de plasma microbacteriana con orgullo congestionado. Terabio implosionó de la rabio, lo cual hizo a Kron levantarse para darle una buena hostia por gritar. La onda expansiva de la hostia provocó que el Gnomo se transformase en un Uniojetenio Dorado con una gran vagina en la espalda.
Mientras tanto, al resto de la flota le iba todo viento en popa. El líder de la flota completa, el Capitán Barbastepo, miró a su escuadra de navíos desde la cristalera del suyo propio. Desde que el submarino del Capitán Ullín se había perdido, habían llegado a su destino dos naves, con lo cual quedaban en la flota 17 navíos, sin contar el desaparecido. Entre ellos se encontraban el Águila Centenaria y la nave de Seccom Masada. Dio tres piruetas y media hasta la proa de su embarcación, y avistó el pedrusco que había flotando en medio de la nada, en la dimensión a la que acaban de llegar. Se dirigieron a la isla cantando sonetos entrecruzados con sátiras sobre los puntiagudos falos de el rotulador de la prima de el tripulante esquizofrénico. Cuando llegaron pudieron ver que la isla tenía una gran muralla hecha de pezones relucientes de camello, esto sorprendió a todos menos a un halcón-jirafa que decía ser Julio César en versión infrarrojo con toques de canela incluídos en el precio sin contar las agujas para pintar.
Hicieron una fila indiajaponesa, se cogieron los falos con las manos y se introducieron a la nueva aventura, con Barbastepo en la 13ª posición, por si las moscas alienígenas atacaban de nuevo.
Les abrió las puertas el mismísimo Lord Anoabismal, que podía controlar los portales intergalácticos e interdimensionales a su merced. Resulta que ese ilsasteroide era su morada, donde vivía con sus hijos bastardos e incestuosos. Ofreció cobijo a los tripulantes, puesto que había oído hablar mucho del Capitán Barbastepo y le tenía un profundo respeto, ya que el primoabuelo de éste había sido nada más y nada menos que el Capitán Memo.
Barbastepo le explicó su situación, y tras unos cuantos ritos sexuales, Anoabismal empezó a eructar y tirarse pedos dentro de un pulmón de cerdo infernal, luego lo cosió con piel se polla granuda y le dijo a Barbastepo:
"Úsalo con sabiduría y con la polla dura."
Todos se fueron corriendo y riendo como gansillos sin darle las gracias a Anoabismal, cual se tiró un cuesco enorme que ayudó a la flota a volver a casa sanos y salvos. La flatulencia no sólo empujó la flota suavemente, si no que disolvió un agujero de gusano en el vacío verdeamarillo de la dimensión de Anoabismal, para que la flota saliese a través de él, rumbo a sus hogares.
Ya podían ver su hogar de lejos, con forma de vagina gigante. Pero fue entonces cuando el tripulante esquizofrénico decidió que era una buena idea meter sus cojones dentro de la bolsa de aire para refrescárselos, porque hacía un calor que podía matar a una gárgola semidigievolucionada en proceso de transformación anal matutina. Esto provocó una explosión de gases infernales cuescales eléctricos que mandó a la isla de Anoabismal de nuevo por un portal de teletransporte roji-amarillo verdoso. Barbastepo desembarcó con sus sirvientas-hombremujermono sexys a pedir a Anoabismal que le dejase un pañuelo púrpura para limpiarse el semen ácido de su ojo, a lo que este al ver lo mal que olían estos, los echó de una multipatada en los cojones.
Esta multipatada, sin embargo, no había sido a ellos, si no a sí mismo, lo hizo para crear una onda expansivo-vital que mandase a la flota a través de un glitch interespaciotemporal, lejos de donde estuviese él. La flota sufrió un viaje de vueltas, tumbos, pelícanos de fresa y bailes psicodélicos que los dejó en una dimensión vacía. Al Capitán Barbastepo se le pasó el mareo, y cuando miró por la ventana vio un submarino amarillo flotando en medio de la nada, uno que reconoció al momento