Nada más salir del portal como si de un escupitajo se tratasen, empezaron a oír unos ritmos jazzeros brasileinhos judío-grecorromano virtualmente metafísicos con una dosis de mísitica de violencia que hizo que muchos tripulantes se tirasen por la borda, en busca de ese artificial sonido. Kron soltó cuantiosas toneladas de lefa dentro de los oídos de sus compañeros para que no escucharan esa música, y acto seguido se ató al mástil con su pene.
Las sirenas comenzaron a tararear electro latano al ritmo de mishuevosbuscanchaletentuojete, lo que provocó que Kron empezara a eyacular violenta-masivamente, dando vueltas por el mástil cual manguera descontrolada salvaje. El resto de tripulantes se puso debajo para quedar bien empapados hasta los pezones intestinales de aquél semen de héroe.
Una vez se alejaron del anillo de asteroides en el que vivían las sirenopiranhas radioactivo-cantarinas, los tripulantes desataron a Kron (que estaba flipando por el ritmo funky-raver de los seres) y se destaponaron los oídos.
Lo que Kron había oído le marcó para siempre, esas melodías mezcladas con ultrasonidos e infrasonidos le había hecho darse cuenta de que comer gnomos era la solución para cualquier problema que tuviese. Giraron 0,1º a la derecha para poner rumbo a casa de nuevo. Ya estaban cerca. Es coña, aún os queda por leer la mitad de la historia, así que coged algo de comer, bebed agua, y seguid leyendo, bastard@s.
Todos iban felices, contentos y empalmados, cuando de pronto, la oruga mandruga, que estaba de vigía en la torreta, divisó algo en la ruta del navío, los falos eyaculáticos.
Estos falos eran inofensibles y los pasaron de largo sin problema, pero hacerlo los teletransportó a una zona en la que sólo podían avanzar recto, atravesando el estrecho entre dos monstruosos seres-accidente: un pantagruélico anojero negro que tragaba todo lo que se paseaba por sus naricesfíncters llamado Centíbdis, y Esquila, un terrible ser-ano-ser-esaeslacuestión, con seis vaginas en la punta de 8 y medio falos enormes con los que, en vez de correrse, comía todo tipo de animales, como cabras o rotuladores. Al lado también había un pequeño calamar difuminado abstracto pero nunca nadie reparabaestropeaba en él, lo que le llevó a una grave depresión córnea y murió de una sobredosis de juanolas y mentos.
Kron sabía que si iban más hacia la izquierda se los tragaría Centíbdis, y si iba más hacia la derecha, las pichas de Esquila entrarían por las ventanas del submarino para penetrar a los tripulantes y comérselos de dentro a fuera. Por ello, ordenó que fuesen por el centro, para no tener ni uno ni el otro, o los dos, o sólo uno, lo que tocase, dejándoselo así al azar, que además había sido camarada de Kron durante su juventud.
Pero azar fue un hijodeputa, y cuando empezaron a pasar, Centíbdis empezó a aspirar, cual Jupiter tronante, por su gran anojero negro. Pero Kron, que era más chulo que un ocho, gritó: "¡Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús!" Y apareció Bitlechús a soltarle una somanta de hostias a Centíbdis. Pero fue entonces cuando vieron que los falos chorreantes, sudorosos y esquilados de Esquila se acercaban a gran velocidad hacia ellos. Los falos consiguieron aplastar y destrozar a la oruga mandruga y a sus 27 hijos, cosa que al resto de la tripulación les sudó la polla, metieron la reductora del submarino y salieron echando hostias de allí.
Estaban siguiendo el camino cuando nuestros héroes se cruzaron con aún otro problema: Se había colado una prostituta vietnamita en el barco. Todos se quedaron impertérritos ante su presencia, y ella les dijo: “20 dorrah! And I love you long time...” Por desgracia nadie le entendió, ya que ninguno ahí hablaba Húngarohebreo. La tiraron por la borda y siguieron por su camino, a lo que llegaron a una dimensión que era un interminable campo de pastos y pastas.
Kron quería seguir porque era alérgico a las fundas de guitarra durante las lunas llenas, pero Escatolo dijo que estaba cansado, luego el tripulante esquizofrénico dijo que quería parar a cagar, y todos estaban con estos dos, así que pararon en esta dimensión rural.
Escatolo se dio cuenta de que tenía un escroto endurecido. Se puso a gritar por los sobacos un líquido de color invisible (o rosa, no se veía bien) mientras se chupaba la pierna por la parte de atrás de la 6ª vertebra. Kron, indignado, le espetó que parase, porque Sersi le había dicho que si se follaban a cualquier animal del pasto, morirían por una luxación yugular en la clavícula con yuxtaposición eterna; y Escatolo parecía sediento de fluídos sexuales.
A todo esto vino un cangrejo abismal venenoso que picó a Escatolo, haciéndolo reventar en pedazos esparcido por los cielos, cual lluvia torrencial de pezones y mandriles huecos de mierda. Así estuvo durante 34 noches y 20 días.
Durante este tiempo la tripulación se había quedado sin nueces, así que el primer día que hizo buen tiempo Kron, Terabio y Topichitloc se internaron más en los campos a buscar sustento. Se cansaron pronto, con lo que pararon a debatir y a beber café con aguardiente. Estaban a esto cuando les pareció oler manzanas mordidas y salmón crudo.
Corrieron hacia el campamento, donde se encontraron a toda la tripulación haciendo un tren del sexo anal, y liderándolo, Tol'Papo con el rabo metido en una zarigüeya nativa a la dimensión. Pudieron ver al tripulante esquizofrénico a lo lejos usando los pelos de los cojones de una zebra como sustitutos de las cuerdas de una guitarra saxofón. Kron, con el cerebro funcionándole a 1287467812 pterodáctilos por segundo al cuadrado, se sacó un teodolito de la nariz y gritó "¡Por todas las batutas! ¡Corran, a las naves, es hora de irnos, rápido!" Todos le miraron escandalizados, menos un hombre pez que había muerto al serle introducido un puño de elefante por el culo.
El submarino una vez más surcaba los maresanales con sus tripulantes a bordo, aunque por poco tiempo, ya que una gran vagina peluda se posó sobre ellos y comenzó a oscilar violentamente, soltando fluidos vagianales, destruyendo la nave y sus tripulantes, quedando solo Kron (y un pequeño mosquito ojito ojete pequito en su hombro) agrarrado al gran falo que tenía guardado en su almacén de putas. Kron miró hacia atrás y vió a Centíbdis absorbiendo los restos del submarino y a sus compañeros. La fuerza con la que Centíbdis absorbía era tan brutal que se rupturaba el espaciotiempo y las marmotas jadeaban, por lo que se formaban, alrededor del pozo que era Centíbdis, pequeños portales que llevaban a lugares al azar. Kron vio como algunos de sus compañeros intentaban llegar a estos portales efímeros para salvarse. Pocos lo conseguían, pero Kron sabía que era su mejor opción, así que se dejó llevar por las fuerzas de succión, guiándose hacia alguno de estos portales. Estaba a punto de alcanzar uno cuando desapareció, y Kron fue lanzado hacia su perdición. De pronto, sin embargo, Centíbdis devolvió un pedazo del submarino, que dio de lleno a Kron y lo lanzó lejos, a otra dimensión, mientras exclamaba su famoso grito de despedida:
“Colega, ¿Dónde está mi coche?”
Kron se despertó en un islasteroide que pertenecía, aunque él aún no lo sabía, a un ser de nombre Calippo.
Durmió un par de minutos y se puso a explorar con su cantimplora vacía. Se encontró una tetera silenciosa pidiéndole auxilio, socorro, y demás tipos de cochinadas. Cuando Kron levantó la cabeza, la vio, allí estaba, un ser precioso, mitad mula, mitad dromedario con gengivitis, vestida con un bonito top hecho de ojos estirados de bebé, que quedaban perfectamente complementado con sus zapatillas de lenguas de tortuga mezquina; era Calippo.
Calippo de fresa para los amigos, de limón para tu puta madre, le hizo a Kron 2 mamadas cósmicas con sanguijuelas fetales que lo dejaron completamente semi-nuevo y revitalizado. Aunque se encontraba mejor tenía unas inmensas ganas de poder masturbarse con la vieja rama de árbol de su casa, cosa que le ponía triste y ñoño.
Así, nostálgico y tal, se acordó de que, allá en Tatooine, tenía una novia, Cýthere, que además era, sorprendentemente, la chica de sus sueños, y él el chico de los de ella; estaban hechos el uno para el otro.
Pensar en ella puso a Kron cachondísimo, y se folló a Calippo durante 2 horas, 9 minutos, 3 segundos y 27 eones.
Después de esto paró porque se acordó de Tontinóo, el gilipollas de su pueblo que le echaba los tejos a Cýthere, y se fue corriendo y brincando a otro lado de la isla. Calippo se entristeció, porque estaba enamorada de él y la había dejado a medias.
Pero entonces apareció Bakunin cantando un rap sobre la internacional mientras un balón con carácter retroactivo le acompañaba al ritmo de un mosquito follando con la suegra de su amigo el estegosaurio con destronilladores a modo de falacia vertebral. Todos se asustaron, pero no pasa nada, porque después Bakunin se fue saltando por encima de cada átomo que se encontraba en su camino.
Kron cogió todos los restos de cadáveres de bebés y fetos que había sodomizado a lo largo y ancho de su estancia en aquella isla, y usó sus pequeños huesos y pezones sobacales fosilizados para construir una tabla de surf para volver a casa.
Pero de esto que Kron estornudó, desintegrando toda su obra. Calippo se apiadó de él y le dio recursos, como chapa de hierro, franela o capuchino de moco vegano. Con ellos Kron se pudo hacer un Sputnik to' guapo que incluía una antena capaz de abrir portales y un dispensador de cera-ojo morada.
Kron recuperó toas' las fuerzas que había perdido en sus desventuras por las incontables dimensiones y galaxias, pero echaba de menos su casa, sobre todo las esquinas llenas de orina de sodomita en celo.
Mientras tanto, en el Olimpo de los sofás sabios, llamado el Osucio, las termitas caracoleras hicieron una asamblea y decidieron matar a su patrón y colectivizar las tierras para conseguir lápices suficientes y que Kron pudiera usarlos de nave, o de dildo, eso ya era decisión suya.
Con la balsa submarino tabla a propulsión bicicleta que se hizo con el material, Kron se echó una vez a la mar, cagándose en la puta madre de todo el mundo, ya que e había dado con el dedo meñique en el pezón de un gigante de piedra enano.
En esos momentos Posesón se pasaba a que Calippo le hiciera una mamadas bien ricas y al ver que ayudó a Kron, al que tanto odiaba, eyaculó ferozmente y le mandó un tsunami mortífero seminal a Kron al mar.
Este tsunami propulso la sputnikcicleta-barcaza de Kron a través del hiperespacio. Sin embargo, lo hizo de manera tal que se formó una ruptura que ni los tendones lignificados de Lord Anoabismal pudieron aguantar, y destrozó el vehículo de Kron.
Kron, que no sabía siquiera quién coño era Posesón, se cagó en su barba, y fue desmayándose mientras se perdía en el cosmos. En un acto instintivo lanzó su mano a su bolsa y sacó un puñado de algo que había dentro (una mezcla de la Priva Celestial y un poco de la mucosa de la abuela del poni, que le dio antes del viaje) y se lo llevó a la boca.
Tras esto, to' metido y sin consciencia, se movió de tal forma que parecía una mezcla de nado a braza y un baile del vientre ska hiperdérmico-machacón, y consiguió propulsarse lejos, muy, muy lejos.
Hasta tres mil lustros después, que se despertó en el Mundo de los Feacos, donde todos eran muy guapos.
Por suerte Kron llevaba una careta de guapo, pero era de acción automática, así que explotó en su cara volviéndole más feo aún. Aún así cogió un mando y se puso a practicar el falsete en do menor para llegar a chuparse la polla sin lengua y con velas apagadas. Esto le llevó a un cansancio extremo así que decidió hacerse una vladimir y echarse a dormir. Antenea lo vigilaba y se masturbaba mientras Kron dormía, corriéndose en su cara y ayudándole a ello.
Tras esto Antenea decidió despertarlo, ya que se había encariñado de él y quería tirárselo, casarse con él, darle hijos y envejecer a su lado, todo mientras su sirvienta, Kamamorada, bailaba para ellos. Antenea era la hija del rey de los Feacos, Raponop. Decidió llevarse a Kron a palacio, y así hizo, pero andando hacia atrás y tirando del pezón de Kron.
Cuando llegaron, a Kron le escocía la rodilla por tanto tirón de pezón, pero hizo un triple mortal sin peligro de muerte y se revitalizó entero, hasta su diminuto falo volvía a ser el mismo de siempre. Raponop le dijo a Kron que si le hacía una felación masiva impulsiva, le daba de comer unos trozos de pan hirviendo, así, entusiasmado, Kron empezó a felar fatatas cual sanguijuela exhausta. Una vez acabó, Kron se bañó en agua oxigenada, leche de yak y aceite hirviendo, y quedó como nuevo.
Cuando regresó a palacio, vio que se le había montado un banquete. Había mucha comida, invitados, e incluso una rana con mostacchio. Había un artista tocando una mágica melodía con el legendario Cello Pterosémico. Todos comieron, sin hablar, y tras la cena empezó la party.
Kron se acercó a una muchacha pa' ligar con ella, pero ésta lo rechazó. Kron, entristecido, se transformó en origami y se fue, dando tumbos y dejando un rastro de lágrimas, a otra esquina de la sala. Estuvo un rato llorando, hasta que de una lágrima salió disparado un escalope que mató a varios invitados por su efecto rebote-nariz triplemente musculado. Esto divirtió a Kron y ya ni se acordaba de porqué estaba llorando, así que se metió el dedo en el ojo hasta que le dolió.
Tras semanas de farranda y desfase, Kron decidió que debía volver a casa, ya que tenía encargada una peli porno del videoclub y tenía que devolverla. Así, el rey le proporcionó un lancha ultrasonicosa y demás regalillos, y se embarcó de nuevo a su hogar.
Kron, usando la lancha, cruzó el río Ordomenunpup (a las orillas del cual vivía el sabio Lao Stia), encontrándose al otro lado el portal que le habían indicado cruzase. Lo hizo, llegando, arastrófico, al Mundo Piruliru, que debía atravesar a pie.
Pero según iba andando, un ano gigante intentó devorarlo, creando un vértice vórtice con celulitis aguda y perseverancia magnificada debido a sus altos niveles de elefante en las balas que disparaba. Kron intentó como pudo escapar de él, pero este era demasiado sexy y pestilente, por lo que acabó devorándolo y arrastrándolo hasta la dimensión de Octosregland, donde los Ortos reinaban cual manopla de cocina perforada por grandes pelos.
Unos guardas lo detuvieron, le quitaron sus huétiles y sus grandhias, y lo presentaron ante su rey, el Ano-Orbe MacGonnergal. Kron le dijo que tenía muchos problemas, quería volver a su casa y follar brutalmente con sus mascotas, pero su camino estaba lleno de peligros y salmones, por lo que la masturbación anal era su único pasatiempo. MacGonnergal le dijo a Kron que si superaba unas pruebas infernales cual gladiador amariconado, le dejaría proseguir su camino hasta casa, si no, viviría por la eternidad en aquel palacio lleno de prostitutas, drogas y rock n roll por que sí.
A Kron le pareció una oferta razonable y amable, demasiado para su honor, sus cojones y sus smoogens, así que la rechazó y huyó del lugar.
MacGonnergal le observó correr desde su ventana, mientras una lágrima se desprendía de sus húmedos ojos, y se dejaba llevar por su piel hasta morir en sus labios. El vacío que sentía era comparable a el espacio, a la nada, a lo infinito.
Los años pasaron, le echó agallas, había llorado muchas veces, había pasado muchas noches en vela mirando al pasado, pero nunca había tirado la toalla, porque había luchado muchas veces y una batalla más no iba a acabar con él. Así que, con decisión, decidió follarse un erizo para olvidar a Kron.
Una vez más, Kron se disponía a subirse en un cornífero barbudo bicéfalo saltarín para llegar a casa con los pezones a salvo. La mala gente le miraba al pasar por aquella estación de CHURCHmustburnTOWN pero a él le daba igual, su picor de ojo izquierdo era más importante que una cacatúa con anos en vez de ojos. Tras una corta espera de diez eones y cinco cuartos, a Kron le llegó su turno en la estación, y de una fuerte patada con lo que perdió su sombra y lo mandaron a su hogar, Tatooine.
Por el aire se encontró una polla con ruedas que no podía ir por el mar pero iba por el mar, y decidió montarse en ella para llegar más tarde.
En su pueblo fue alabado y aplaudido como un héroe. Ya en casa, Kron se folló a Cýthere, que lo había esperado los tres segundos que duró su épico viaje.
Kron dedicó el resto de sus días a estudiar y recorrer el universo en busca de respuestas, y pudo así conseguir la fórmula de la inmortalidad, capturarlos a todos y hacer muchos otros descubrimientos. Tales proezas llevaron a que se le conociese bajo nombres como Kron El Sabio, Kron Rabo de Hormigón o Chupapollasfosforitas, y a que pasase a la historia como uno de los seres con el pene más largo, y de los más valientes, sabios y fuertes que conoció el Universo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario